José Socas: La historia de un creativo incapaz de escribir durante 2 años su primer copy por miedo a no estar a la altura de los genios de los que aprendió.

Vivía atrapado en un mundo de fórmu­las y sistemas que no parecían tener sentido. 


Trataba de encontrar la manera de plasmar mi creatividad, de darle forma y vida, de expresarme. 


Pero nada salía…


En serio, devoraba cada libro de pu­blicidad, marketing y psicología que encontraba. 


Leí los clásicos, como Scientific Advertising de Claude Hopkins, Tested Advertising Me­thods, por John Caples, Breakthrou­gh Advertising, por Eugene Schwartz, Ogilvy in Advertising, por David Ogil­vy, y muchos, muchos más.

Ansiaba encontrar la varita mágica, creía que si tal vez aprendía sus secretos, quizás podría ser tan bueno como ellos. 


¡Qué iluso era! Porque cuanto más me esforzaba por imitarlos, sólo empeoraba las cosas. 


De hecho, detestaba todo lo que escribía. Sonaba mal, no tenía sentido, y sobre todo, era horrible cuando lo comparaba con el trabajo de estos genios. 


Era muy frustrante que, aun conociendo sus secretos, no conse­guía ser tan bueno, o por lo menos parecido a ellos. 


Hasta que un día llegó hasta mí una frase que me hizo replantear todo… ¿Su autor? Sean D´Souza —un cono­cido instructor de marketing online— y decía así:

 “Empieza aprendiendo algo que creas que pueda funcionar para ti. Pero hay que empezar desde un lugar, no mañana ni la semana que viene, si no hoy, por muy humilde que ese lugar sea” 

Con este “nuevo enfoque”, y con la inspiración de un viejo libro de un olvidado genio de la publicidad, me lancé con una idea loca, una que tal vez haría brotar de una vez por todas mi creatividad. 


Por cierto, este genio olvidado se llamaba Howard Gossage. Un creativo radical e inconformista de los años 60 que rompió con las reglas publicitarias de su tiempo. Y en ese deseo de innovar, hallé mi inspira­ción.

Así, siguiendo su inspiración me salió esto: 


YO TAMBIÉN ODIO LA PUBLICIDAD

Incluso, me atreví con algo más polémico, y usé a Franco como policía gay en defensa de las víctimas de la publicidad.

Estuve así durante un tiempo probando ideas locas para dar rienda suelta a mi creatividad.


Hasta que un día, me planteé aprovechar este talento para algo más que pasar el rato. Había llegado la hora de ganar dinero con ello.


Pero había un problema, ¿Dónde? 


Sabes, siempre he sido muy reservado… Tampoco cuento con una agenda llena de contactos influyentes. Sólo conocía a un amigo empresario, alguien que aspiraba a convertirse en el Florentino Pérez canario. 


Un tipo tan ambicioso como yo para aceptar algo tan “poco corporativo” como esto: 

Siendo honesto, a mi cliente, “Raúl,” no terminaba de convencerle la idea de que se podía vender con Facebook, y menos con esta clase de anuncios. Así que yo mismo saqué 200 euros de mi bolsillo, para demostrarle que sí se puede.


Probé de todo… Desde promocionar impermeabili­zaciones de cubiertas, vender la idea de comprar ca­sas a reformar, hasta reformar baños por 3.750 euros. ¿El resultado final?


- 1 reforma de un baño por 3.750 euros.

- 1 reforma de 2 baños más una cocina por 18.185 euros.

- 1 reforma integral de un piso por 13.235 euros.


Nada mal para una modesta inversión de 200 euros.


Y la cosa no termina ahí… Unas semanas más tarde, no sólo volví a repetir el éxito anterior, sino que además lo mejoré. Mayores beneficios y en menos tiempo. 


Aquí tenía un doble desafío.

 

Por un lado, el cliente necesitaba resultados rápidos, y por rápido quería decir un mes. 


La razón era bien sencilla: en 30 días, se quedaría sin más obras que desarrollar. Y con 4 empleados que mantener, y unos gastos fijos mensuales superiores a 10.000 euros, eso era cuestión de vida o muerte. 


Para colmo, siempre había dependido de terceros para conseguir trabajo; por lo tanto, no tenía un pro­ducto que vender, ni una audiencia a la cual dirigirse. 


No era el escenario ideal… 


Pero después de hablar 60 minutos con él por teléfono, me di cuenta de 3 activos desaprovechados:


1. Tenía un proyecto de restauración en curso: Una casa de 130 años de estilo mallorquín. Una ruina total que un cliente se empeñó en restaurar. Y por “ruina total” quiero decir, amenazar con venirse abajo. Sin embargo, no todo eran malas noticias, porque al momento de hacer esta campaña, las obras estaban listas en un 75% —por lo que podía ser la casa de muestra, y de paso, una oportunidad única para contar una historia interesante.


2. Había una demanda de casas rústicas en la isla.


3. Existe una red de compra-venta de casas rústicas, a través de portales inmobiliarios como Idealista y Fotocasa.


Así que se me ocurrió la idea de convertirlo en un “agente inmobiliario” y al mismo tiempo constructor. 


Es decir, captaríamos compradores de casas, interme­diaríamos con las agencias inmobiliarias locales, y final­mente, presentaríamos un presupuesto de reforma. 


O lo que es lo mismo, comprar el paquete comple­to, casa más reforma con una inversión total desde 350.000 euros. 


Un 30% menos, como mínimo, de lo que les costaría comprarla ya reformada. 


Por lo que junté toda esa combinación de factores, y creé este anuncio:

¿El resultado final? 


105 euros invertidos en Facebook y 4 semanas más tarde, hemos logrado:


- 2 reformas integrales por valor de 52.655 y 47.458 euros.

- 1 reforma integral por valor de 72.131 euros en lista de espera para principios de 2019. 

- 2 clientes potenciales interesados en comprar y reformar una casa rústica en los alrededores de Palma de Mallorca —y a los que le estamos presentando oportunidades de inversión.


Obviamente, mi portafolio no termina aquí…


Esos fueron mis inicios, y desde ese entonces he seguido creciendo como  trafficker en Facebook Ads.


Aquí puedes ver algunos ejemplos de mis últimos trabajos.

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